17 de abril de 2010

Cosas de la vida...

Todas las mañanas una gran masa juvenil es expulsada desde los corrales humanos llamados vagones de metro tren en Estación Baquedano rumbo a su lugar de estudios. Todos entran a las ocho treinta de la mañana fastidiados de comenzar otro día lunes. Todos con el mismo dolor de espaldas por el codazo que le dio una señora neurótica en la micro. Todos aferrados a sus bolsos para que no venga el inconciente lanza y lo despoje de las pocas pertenencias que posee. Todos evadiendo algo que no saben que es precisamente, en su propio mundo musical, un placer auspiciado por capitalismo y globalización representados en su pequeño espacio personal, el mp3. Todos con el mismo estrés por la prueba, el trabajo, la familia, el polol@, etc. Todos, seres humanos a quienes les prometieron lo mismo. Todos con las mismas esperanzas, con un mismo futuro incierto, con las mismas "oportunidades" y lo que es más desgarrador aún con los mismos sueños.

Mientras todos cruzan la calle, en algún lugar de sus mentes, las cuales divagan en un arcoiris de preocupaciones, se preguntan el famoso, íntimo y tan trillado"¿Qué será de mí?". La vorágine transeúnte del momento los distrae, mientras ven a alguien que parece bizarro o por la simple cuestión de no ser atropellados durante el mini segundo de introspección, entonces, el pensar quedará para después. Siempre postergado para después.

Ya superando ese molesto obstáculo que significa cruzar el peligroso y burocrático puente de Pio Nono, todos recobran ese andar liviano y acelerado que nos caracteriza, algunos leen el diario y otros comentan el nuevo rumor de la prensa rosa sobre la Kel y el cabeza de Jíbaro, perdón, Pablo Schilling, y la Angie, por arrocito. Todos son alumnos. Pero no todos son estudiantes. Todos van a la universidad. Pero no todos van a la misma universidad.

Y es aquí donde a algunos nos invade un sentimiento de angustia, que se va dilucidando con el transcurso de los días en esta misma rutina. "No todos van a la misma universidad...". Esta frase te da vueltas, muchas vueltas y tan pocas palabras caen con un peso de plomo en la conciencia, en el corazón y duelen. Duelen porque sabes que ya nada es igual, que la igualdad es una quimera como tantas otras. Que las promesas nunca fueron las mismas, las oportunidades jamás fueron y serán las mismas. Que el futuro nunca será el mismo. Sin embargo, las esperanzas, los sueños y las preocupaciones siguen siendo las mismas. Y te invade no sólo la angustia, sino que la rabia, la impotencia, una punzada en tu interior que no sabes como canalizar, una serie de sentimientos y emociones que no sabes ni puedes soportar, odias con tu alma la venta de sueños en el mercado, la injusta brecha entre ricos y pobres, la indolencia, la injusticia legal que se comete día a día, y así tantas cosas que son parte de un espectro más grande que ni tu imaginación puede visualizar y de las cuales no sabes a quien debes o puedes responsabilizar, y ya da igual si eres de derecha o de izquierda, ateo o creyente, inteligente o tonto, bueno o malo, si la realidad es una sola. Pasarán cinco años de tortura bien justificada para algunos y para muchos otros,MUCHOS, serán cinco años de mentiras, de neolibertad y como siempre llegará el momento de la verdad, el momento en que nuevamente todos debemos enfrentar una segunda PSU, una segunda demostración de la desigualdad en todos los aspectos de la vida: el exámen de título. Es ahí donde, los algunos seremos más que los muchos, y donde los muchos se volverán algunos.

Mas, sin darte cuenta, tus pasos te guiaron al glorioso edificio llamado Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, y eres parte de esa fracción de la gran masa, que se escinde para ingresar por sus pequeños portones. Pequeños portones para una imponente construcción. Portones que grafican que lo grande es para unos pocos y así, casi como una sentencia, hasta el fin de los tiempos. Eres parte lo quieras o no, de esa elite que gobernará a esa gran masa. Y sigues cuestionandote que harás, pero todo se te olvida, cuando en el frio edificio, te encuentras con tus amigos y comentan sobre si eligirás a Fulanito o Pedrito como representante mechón, y nadie habla de este tema, y al omitirlo, porque crees que a nadie más le importa, se te olvida. Se te olvida, como se han olvidado los grandes sueños, donde todos son todos, iguales y felices.

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Una pelusa escribió: