30 de mayo de 2010

Lluvia.

Quizás no use reloj de pulsera. Pasará demasiado tiempo para que llegue a transformar por ocho horas mi identidad. Mi paraguas es transparente con puntitos negros. Uso chapulinas aún. No uso lentes ni mi humanidad basta para enfrentarme sola a la calle. Mi mente divaga entre nubes y flores multicolores. Una mariposa me lleva en sus alas a través de una densa y humeda neblina. Dudosa. Le pregunto si es un juego, pero no contesta. ¿Miedo?. Quiero regalarle la primavera, pero está ausente, entonces la resignación se sube al barquito de papel que construyo en mis sueños, siempre será invierno. Ni pelo largo ni natural, carencia de aceptación. Simplemente no alcance a crecer lo suficiente para tocar las estrellas con solo alzar un brazo, la aliteración es algo propio de la vida , la confusión reinaba en el tiempo. Corriente de la conciencia; no es romántica, no es rosa, pero es sincera, es luz, confusa, confundida, algo nítida, a pesar de que el genio maligno titiritea travieso en la inconciencia. Mística! Antes de que la lluvia nos arrebate la calidez y por una vez, me abraces con honestidad...

2 comentarios:

  1. Que identificador el texto! Al parecer, nunca fuimos las únicas soñadoras, estamos esparcidas por todas pates (aunque mi paraguas es de arcoiris, y mi perlo es una mota)
    Cuándo llamas a un abrazo honesto? Todos los son, en cierta manera.

    ResponderEliminar
  2. Quizás me refería a un abrazo que fuera con la única intención de hacer ese acto porque sí y no por que la circunstancia dice que así debe ser.

    ResponderEliminar

Una pelusa escribió: