28 de enero de 2010
Juegos...
Después de tanto pensar, me terminé dando cuenta que jugar en la vida es algo así como jugar al Pacman. Todos estamos perdidos en nuestro laberinto emocional. Paras en una esquina y te encuentras con un fantasma. Tratas de alejarte. Te vas corriendo hasta la otra punta pero igual te persigue. Entonces, al final, de nada sirve salir corriendo. Ni raparte la cabeza para que no te reconozcan. Ni recorrer todos los rincones en busca de una señal. Tampoco te sirve conocer otros lugares ni cambiar el color de la pantalla. Y como si el panorama no fuera lo suficientemente desalentador, lo peor de todo es que hay que pasar como 50 niveles para que finalmente llegues a la meta. Y eso con suerte, porque lo más probable es que en el ensayo y error para pasar niveles, te hayas aburrido y decidas que estás cansado y te vas a jugar al tetris, o peor, te conformas con el solitario.
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Una pelusa escribió: