27 de enero de 2010

“¿Qué sería de tí sin mí? ¿Qué sería de mí sin tí?”

Los derechos de la mujer, la igualdad y la violencia

“Los derechos de la mujer en la actualidad”

“La hembra no es puramente hembra, ni el macho puramente macho; ella es sólo más femenina que él; y él más masculino que ella.”(Jean Rostand, El hombre)

Tal como expresa la cita anterior, la condición de mujer u hombre no nos hace diferentes sino que complementarios, cuestión, que tradicionalmente y producto del instinto de superioridad del ser humano, representa latentemente una utopía errática y revestida de camuflajes y adornos.
Sin duda, cada vez es más evidente que por medio de la inserción sociocultural y laboral; la cual se ha expandido ostensivamente en los últimos años; se ha aminorado la discriminación o exclusión por género, gracias a que el rol histórico activo del sexo femenino ha sido reconocido como un agente primordial en el desarrollo de la humanidad.

Sin embargo, a través de los siglos, se ha considerado implícitamente en la idiosincrasia de los pueblos, a la mujer como un personaje de segunda clase o categoría, predestinado a asumir tareas menores o sin proyección, siendo irrelevantes para el progreso cultural; tachándosele inclusive como a un objeto, mercancía (Antigüedad y África actual), servidumbre de los hombres (medio oriente), símbolo de pecado y perdición (catolicismo) o hasta ruina para algunas sociedades (hindú); patentando la gloria y la notoriedad constantemente como un patrimonio exclusivo de los hombres, sin considerar que las estadísticas mundiales indican que el número de mujeres en el mundo es casi igual o algunas veces ligeramente superior, al de los hombres.

“La desigualdad, una forma usual de violencia”

Dicha situación, que es considerada “superada”, permanece oculta y arraigada en lo más profundo de las raíces de cada nación, ya que a pesar del significativo paso que representó la legitimación de la “mujer” como un ser humano y persona; esto no la iguala en condiciones y oportunidades al hombre, debido a que tácita y sutilmente, la violencia contra el género femenino por simplemente serlo, ha sido motivo de restricción de derechos y libertades pisoteadas, ayer y hoy, y no es realmente como se intenta aparentar, es decir, un problema puntual, coyuntural o sectorial, sino que abarca un amplio espectro que incluye a la economía, la legalidad, la política, la religión, la cultura, la ciencia, etc. Tal y como expresa en estas palabras el Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan:
"La violencia es quizás la más violenta violación de los derechos humanos y quizás la más generalizada. No conoce límites geográficos, culturales o económicos. Mientras continúe, no podemos afirmar que estemos logrando progresos reales hacia la igualdad, el desarrollo y la paz."
Hablamos de violencia, cuando nos referimos a toda transgresión que se realice a los derechos humanos de una persona, sin tomar en cuenta su condición de sexo, ya que la opresión es un mal común a todos los seres humanos; sin embargo, ahora nos abocaremos a la mujer y la marcada diferencia de la cual es víctima desde incluso antes del momento de nacer. Este es el caso de la creación de una “Declaración De Los Derechos De La Mujer”, de la cual se subentiende la trastocación que se realiza a uno de los derechos fundamentales de los seres humanos, lo que demuestra que independiente de las palabras y las leyes que se creen y ejecuten, la mujer es considerada diferente al hombre, lo cual da paso a que el inconciente colectivo juzgue la inferioridad o superioridad que el sexo femenino pueda poseer en su sociedad. El derecho esencial antes mencionado es:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. “ (Art. Nº 1, Declaración Universal De Los Derechos Humanos)

Ejemplos concretos a mencionar sobre las diferencias realizadas contra los derechos de la mujer, se encuentran en todos los ámbitos, en el campo laboral donde se considera que ella debe ser el doble de calificada y esforzada que un hombre para de esta forma tener la posibilidad de acceder a altos cargos de responsabilidad, asumiendo la anulación y postergación de su maternidad y así ascender en el trabajo; y a pesar de ello, su sueldo sigue siendo inferior a un hombre, por los posibles gastos que implicaría un embarazo. Otro paradigma es el hecho de que la familia ha evolucionado de modo semejante al modelo romano, en cuyo caso los roles familiares se asocian piramidalmente, donde el padre está en la cúspide, por ende tiene más privilegios y todos aquellos que se encuentran bajo su alero están supeditados a esas concesiones, y en muchos casos las mujeres, hijas y madre, son marginadas. Ejemplos de este tipo de relación en el núcleo de la familia occidental son, la falta de realización personal de la dueña de casa; la educación madre a hija, la cual posee costumbres tan arcaicas como el servir la comida al padre y hermanos por la ancestral costumbre de servidumbre y sumisión femenina, el castigo que recibe una niña por decir improperios, mientras que un niño es gratificado y validado en su hombría por ello; la dependencia económica, afectiva y de seguridad en la relación hombre- mujer; o una simple e irónica canción que refleja esta problemática como lo es “ Corazones Rojos” * de la banda “Los Prisioneros”. Otra situación muy común y que en pocas ocasiones las personas se detienen a meditar, es el fenómeno que se produce cuando una mujer logra sobreponerse a todas las barreras antes expuestas, alcanzando el éxito. Si dicha mujer se encuentra sola en el aspecto amoroso es sinónimo de una anomalía en los prototipos sociales, sin embargo, basta la compañía de un varón en su vida, ya sea padre, hermano o esposo; para inhibir su valor intrínseco o poner un obstáculo en su pleno desarrollo.

También, la violencia contra la mujer adopta formas diversas, incluyéndose la violencia en el hogar; las violaciones; la trata de mujeres y niñas; la prostitución; la violencia en situaciones de conflicto armado, asesinatos comunes y con alevosía, parricidios, esclavitud sexual y el embarazo forzado; el infanticidio femenino y la selección prenatal del sexo del feto en favor de bebés masculinos; la mutilación genital femenina y otras prácticas y costumbres perjudiciales.


“¿Qué hacer?”

En conclusión, pese a que la violencia es un mal producido por la contribución y perpetuación tanto de hombres hacia las mujeres o viceversa. La violencia contra las mujeres no es “natural” ni “inevitable”, persiste porque la sociedad así lo permite. En casi todas las culturas del mundo se dan formas de violencia contra las mujeres que pasan prácticamente inadvertidas porque se consideran normales o aceptables.

Sin embargo, mientras la violencia o la transgresión de los derechos contra las mujeres, permanezca escondida, tolerada o ignorada por la sociedad y las autoridades y mientras no se castigue a sus autores, seguirá perpetuándose, aun más, si tenemos en cuenta de que vivimos en una sociedad patriarcal en la cual se exaltan los poderes de dominación masculina y se tolera la violencia en todas sus aristas porque es la forma de dominación monopolizada por el hombre y avalada por la omisión, incredulidad, comodidad o ignorancia de la mujer. Esta situación de misoginia soterrada, de progreso-tradición, no resiste más, si es que nos queremos arrogar el título de seres evolucionados, criteriosos e íntegros, y para ello es necesario combatirla, internalizando el concepto de igualdad en la conciencia y en el corazón de cada individuo, difundiendo este valor en las diversas sociedades e intensificando la lucha para suprimir la injusticia.

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Una pelusa escribió: